Imagen: Monumento al Libertador
PLAZA SAN MARTÍN Casilda (Santa Fe)
Fuente: Material de cursado de la Diplomatura Virtual Sanmartiniana. Instituto Nacional Sanmartiniano. https://sanmartiniano.cultura.gob.ar/noticia/diplomatura/
Una semana después de nacer, recibió el bautismo de manos del capellán Lorenzo Güiraldes con el padrinazgo de José Antonio Álvarez Condarco y Josefa Álvarez de Delgado.
Ante la noticia de su nacimiento, el Cabildo local como testimonio de reconocimiento a su padre le donó 200 cuadras de tierra en los Barriales, San Martín con la austeridad que lo caracterizó toda su vida renunció al obsequio, pero las autoridades le negarán el ejercicio de la patria potestad en este caso por ser un perjuicio para la niña. Pocos meses después comenzó la Campaña de los Andes que significó la primera separación familiar.
Enferma Remedios, se instaló en Buenos Aires y la niña recibió todas las atenciones y mimos de su abuela doña Tomasa de la Quintana de Escalada, que enviudó en 1821 y veía día a día, agravarse el estado de su hija.
Al momento de la muerte de Remedios, esos cariños se multiplicaron al extremo, cuando en diciembre de 1823 llegó San Martín a Buenos Aires y decidió partir rumbo a Europa en 1824 para mejorar su educación y alejarse de la vida pública.
Más que una preocupación, la educación de su hija Mercedes fue una verdadera ocupación para San Martín, quien fue un padre presente —como diríamos hoy en día.
Aunque Mercedes permanecía en un internado en Londres, él la visitaba con frecuencia. Este tema aparece de manera recurrente en la correspondencia de aquellos años.
A Tomás Guido le manifestó: “Cada día me felicito más y más de mi determinación de haberla conducido a Europa y arrancado de al lado de doña Tomasa; esta amable señora con el excesivo cariño que le tenía, me la habían resabiado (como dicen los paisanos) en términos que era un diablotín. La mutación que se ha operado en su carácter es tan marcada como la que ha experimentado en figura. El inglés y el francés y su adelanto en dibujo y música son sorprendentes. Ud. me dirá que un padre es un juez muy parcial para dar su opinión, sin embargo mis observaciones son hechas con todo el desprendimiento de un extraño, porque conozco que de un juicio equivocado pende el mal éxito de su educación”.
En términos semejantes le comentó a Miguel de Riglos: “Mercedes sigue haciendo sus progresos: la señora del Capitán Heywood, que la ama como una hija, me dice que habla el inglés como si hubiese nacido en el país, y que su afición al dibujo y sus rápidos adelantos en este punto sorprenden”.
Pero poco después se encontró con este inconveniente, que sabemos pudo solucionar: “A fin de mes pienso hacer una visita a Mercedes; ésta, según me escriben, ha olvidado enteramente el español pero en breve lo volverá a adquirir, ella hace progresos en la música y en el dibujo”.
A su vez le confiaba a otro amigo: “...para setiembre próximo pienso traerme a Mercedes, pues para ese tiempo ya estará corriente en el inglés". Ya en Bruselas decidió internarla en uno de sus “excelentes colegios” y agregaba este beneficio “...me costará la mitad menos y yo tendré el gusto de estar a su lado”.
Poco después afirmaba: “Tengo a Mercedes en mi compañía, aún no ha pasado al colegio en razón de que habiendo olvidado enteramente el castellano no quiero separarla de mi lado hasta que vuelva a adquirirlo completamente. Los progresos que ha hecho en un año y la docilidad que por ahora presenta su carácter me promete que su educación será aprovechada”. Sabemos de esos años que además cultivaba la pintura con buen éxito, como lo demuestran algunos retratos.
En abril de 1827 le confiaba con angustia a Guillermo Miller: “Mi espíritu ha sufrido infinitamente, pues Mercedes ha estado a las puertas del sepulcro de resultas del sarampión o como acá se llama a la fiebre escarlatina, enfermedad que atacó a casi todas las niñas de la pensión; felizmente la chiquita está fuera de todo peligro pues hace tres días se levantó por primera vez”. Meses después le anunciaba que estaba “...buena, y mucho más robusta que antes de su peligrosa enfermedad; ésta y mi hermano lo saludan”. Y al terminar 1827 a Bernardo O´Higgins: “Yo pienso permanecer en Europa dos años más, tiempo que creo necesario para concluir la educación de mi hija”.
El año 2025 fue muy especial, porque se recordaron los 200 años de las Máximas Sanmartinianas a Mercedes escritas en 1825 en la ciudad de Bruselas, Bélgica. Ella fue muy amada por su padre, quien le dedicó sus mayores esfuerzos para brindarle una buena educación y formación moral. Los principales valores que el Libertador quiso para ella fueron la humildad, el amor por la verdad, la compasión, la sencillez y el respeto a los demás.
Las máximas fueron las siguientes:
1 - Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: “Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos”.
2 -Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.
3 - Inspirarla gran confianza y amistad pero uniendo el respeto.
4 - Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.
5 - Respeto sobre la propiedad ajena.
6 - Acostumbrarla a guardar un secreto.
7 - Inspirarla sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.
8 - Dulzura con los criados, pobres y viejos.
9 - Que hable poco y lo preciso.
10 - Acostumbrarla a estar formal en la mesa.
11 - Amor al aseo y desprecio al lujo.
Para evitar la epidemia de cólera de 1832 en París, el Libertador y su hija se trasladaron a Montmorency a 20 kilómetros de la capital, acompañados por el fiel criado Eusebio Soto, pero el mal los atacó, y fueron solícitamente atendidos por Mariano Balcarce que estaba empleado en la legación en París. San Martín en carta a O´Higgins reconoció que “...su juiciosidad no guarda proporción con su edad de 24 años; amable, instruido, aplicado, ha sabido hacerse amar y respetar de cuantos lo han tratado”.
Una historia romántica, porque Mercedes se casó el 13 de setiembre de 1832 con el joven Mariano Balcarce, hijo del antiguo camarada de armas de San Martín el General Antonio González Balcarce y de doña Dominga Buchardo.
Prueba del afecto de que gozaba el General, fueron testigos de la boda el Coronel peruano Juan Manuel Iturregui, su colaborador durante la campaña en Lima y José Joaquín Pérez Mascayano, que se ocupaba de las relaciones comerciales de Chile en Europa y posteriormente ocupó la presidencia de su país de 1861 a 1871.
Entre otros concurrentes se encontraban los chilenos José Manuel y José María de la Barra, todos se dirigieron al restaurante parisino Chez Grignon, donde invitados por San Martín no faltaron los brindis con champagne por la nueva pareja. Posteriormente partieron a Buenos Aires, donde Mercedes se reencontró con su familia, ciudad en la que nació el 14 de octubre de 1833 su primogénita María Mercedes de la que fueron padrinos el Teniente Coronel Mariano Moreno (hijo del secretario de la Junta) y su bisabuela doña Tomasa de la Quintana de Escalada, que mucho se sorprendió al ver el cambio y la educación de su nieta. La pareja volvió a Francia, donde nació Josefa el 14 de julio de 1836.
Mercedes y toda su familia, se habían instalado en 1854 en la pequeña localidad de Brunoy ubicada a 23 km. de París.
En 1860 después del retiro del jefe de la familia de su tarea como representante diplomático del Estado de Buenos Aires. murió su hija mayor María Mercedes, quien era soltera y tenía 26 años. Sus padres hicieron construir una bóveda en el cementerio local para depositar sus restos, y poco después en noviembre de 1861 llegaron para descansar en el mismo lugar los restos de su ilustre abuelo.
Un 28 de febrero de 1875 Mercedes Tomasa de San Martín de Balcarce fallecía en su domicilio de París (rue Berlin 5)
Su amiga, la escritora Eduarda Mansilla, la describió con cariño de esta manera:
"Todos los que a ella se acercaron con intimidad saben que su padre, el General San Martín, dirigió casi exclusivamente la educación de su hija amada y que ésta fue la compañera fiel y asidua del anciano hasta su hora postrera. Misia Merceditas, como los argentinos la llamábamos, no hablaba nunca de ‘Tatita’ sin que sus ojos se arrasaran de lágrimas. ¡Bello modelo de piedad filial! Me parece verla secundada por la dulce Pepita y el distinguido señor D. Mariano Balcarce, hacer con sencillez encantadora los honores de esos salones suntuosos, en donde el arte y el buen gusto han coleccionado tantas bellezas."
En el momento final de Mercedes estaban su marido y su hija Josefa Dominga, que se había casado en junio de 1861 con el diplomático mexicano Eduardo María de los Dolores Gutiérrez de Estrada y Gómez de la Cortina.
La vida de Mercedes fue de total dedicación a su padre, Tatita como lo llamaba en la intimidad, lo mismo que la veneración de su yerno Mariano Balcarce, que cuando hablaba de él decía Padre. Ellos estuvieron a su lado en todo momento y aún en el momento final en Boulogne Sur-Mer el 17 de agosto de 1850.
En 1854, Mariano Balcarce adquirió, en el pueblo de Brunoy, a veinte kilómetros de París, una propiedad que había pertenecido, entre otros, al conde de Provence, hermano de Luis XVI y quien luego sería el rey Luis XVIII. Allí se instaló la familia llevando consigo sus bienes junto con las pertenencias del Libertador.
A pedido del General Mitre, en 1861, Balcarce de acuerdo con su mujer, le envió algunos documentos para la historia del Libertador que pensaba escribir. Curiosamente al día siguiente de la muerte de Mercedes, el 1º de marzo de 1875 aparecía en La Nación el primer capítulo de la historia de San Martín, escrito por Mitre.
Los argentinos hemos tenido la fortuna que ella, como su marido hayan inculcado también a su hija Josefa este amor por nuestra tierra, ya que todos los documentos y pertenencias del Libertador se encuentran entre nosotros por su voluntad.
En 1951 los restos de Mercedes Tomasa, Mariano Balcarce y su hija María Mercedes fueron repatriados, no así los de Josefa, por ser ciudadana francesa y por su actuación durante la Primera Guerra Mundial, es considerada una heroína por esa República.
El 11 de diciembre, los despojos mortales fueron recibidos en el puerto de Buenos Aires, tras una breve ceremonia y fueron depositados transitoriamente en la sede del Instituto Nacional Sanmartiniano. Al día siguiente, desde allí fueron trasladados hacia la estación del ferrocarril General San Martín en Retiro, rindiendo honores efectivos del Regimiento de Granaderos a Caballo; depositados en un tren especial que partió a las 11.50 horas con destino a Mendoza.
En el Salón Rojo de la Casa de Gobierno provincial capilla ardiente y al día siguiente, fueron trasladados al mausoleo preparado en la Basílica de San Francisco, en donde hoy descansan.
El mejor elogio al recordarla son las palabras que el Libertador le dedicó en su testamento en 1844: “El constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura todos mis desvelos, haciendo mi vejez feliz: yo le ruego continuar con el mismo cuidado y contracción la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón) si es que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido”.
Fue la segunda hija del matrimonio entre Mariano Severo Balcarce y Mercedes Tomasa San Martín y Escalada, conocida por ayudar a mantener las memorias de su abuelo José de San Martín y por su labor humanista durante la Primera Guerra Mundial en Francia.
Dice un viejo refrán que las manzanas nunca caen lejos del árbol. Y en el caso de la nieta del general San Martín fue así. Los valores altruistas de su abuelo fueron heredados por Josefa Balcarce, quien dedicó su vida y su fortuna a ayudar al prójimo.
En 1861 Josefa Dominga contrajo matrimonio con un acaudalado joven de origen mejicano, que cumplía funciones como secretario de la Delegación de Méjico en París. De nombre: Fernando María Gutiérrez de Estrada y Gómez de la Cortina.
En 1875 murió su madre, Mercedes, y diez años después lo hizo su padre, Mariano Balcarce.
Así, desde 1885, Pepa Balcarce y San Martín de Gutiérrez Estrada y su marido se quedaron a cargo de "la Petit Château", como era conocida la casona de Brunoy.
En 1904, Gutiérrez Estrada murió. Josefa Dominga quedó sola, no habían tenido hijos, y decidió dedicar lo que le quedara de vida a ayudar a quienes lo necesitaran. Para esto, adaptó la casona en la que vivía y la convirtió en un asilo de ancianos. El parque de la mansión fue convertido en huerta para alimentar a las personas carenciadas. Y también abrió una clínica de cirugías que ofrecía operaciones gratuitamente a quien no pudiera costearlo.
Diez años después de enviudar, en 1914, estalló la Primera Guerra Mundial. Pepa, para ese entonces, tenía 78 años, pero eso no le impidió colaborar con los combatientes. Una vez más, su casa fue transformada. Esta vez, en un hospital de guerra.
Además de camas para los heridos, la "mansión-hospital" contaba con dos habitaciones convertidas en salas de operación, una sala de rayos X y un laboratorio. Así, la casa de Josefa, durante la guerra, fue conocida como Hospital Militar Auxiliar Nº 89. Gracias a su labor humanitaria, Josefa Balcarce fue condecorada con la Legión de Honor y distinguida por la Cruz Roja Internacional. Murió el 17 de abril de 1924, a los 87 años.
El General San Martín escribió doce máximas para su hija Mercedes, en las cuales volcaba sus ideales educativos. Sin dudas, el Libertador habría estado más que satisfecho de haber visto cómo su propia nieta pudo elevar su legado, trabajando con desprendimiento y generosidad en pos de los más necesitados.
Josefa Dominga dominaba perfectamente el español, el idioma de la familia y era ferviente conocedora de la gesta libertadora sanmartiniana. Esta mujer, con una personalidad avasallante que no detenía su mirada en banalidades propias de la clase social a la que pertenecía, tempranamente mostró sus desvelos por los menos favorecidos socialmente. En ella brillaban los mejores sentimientos de solidaridad y entrega, cómo herencia ética. Joven quedó viuda, con cuantiosa fortuna.
En 1905, creó la Fundación Balcarce y Gutiérrez de Estrada, cuya misión fundamental era la de procurar ayuda a carenciados, ancianos y a indigentes. El hogar de ancianos que fundó Pepa (así la llamaban), se transformó en un establecimiento modelo en su época.
En 1914 estalla la guerra, la Primera Guerra Mundial, con sus millones de muertos y heridos. Nuestra heroína Josefa Dominga contaba con 82 años… sin arredrarse ante la situación nuevas y concretas ideas llevó a cabo.
Hoy llamaríamos empoderada a esta mujer ejemplar. Decidió convertir su hogar en un hospital de emergencia, cuyo objetivo eran los heridos de guerra, su cuidado y restablecimiento.
El Hogar se había convertido en el hospital más importante de la zona, con un equipamiento médico de avanzada.
Contaba con cincuenta camas, quirófanos y salas de esterilización, laboratorio y sala de rayos X.
Los heridos de guerra eran franceses y alemanes. Tal era la cercanía con el frente de combate, ella solo preguntaba, si traían heridos. Y allí los ingresaban para su atención.
Durante la segunda gran ofensiva alemana del Marne, (julio/agosto 1918) los franceses hacen la evacuación del lugar, contando con la zona de Brunoy. Nada impide a Josefa dejar a sus enfermos. Se queda.
Cuando termina la guerra, Francia la condecoró con la máxima distinción del país: Legión de Honor para Josefa Dominga Balcarce.
Esta eximia mujer, no solo estaba al frente de su obra humanitaria. También se ocupó de organizar, conservar y socializar el legado de su abuelo: libros, mobiliario, cartas y objetos. No llegó a conocer nuestra Patria, que era también la suya.
Es conocida su correspondencia con el entonces Director del Museo Histórico Nacional Dr. Adolfo P. Carranza a quien designó para recibir pertenencias de su abuelo para que fueran exhibidas en el museo. Pepa tuvo la genial idea de mandarle un bosquejo que reproducía la residencia de Boulogne Sur-mer, la habitación tal como estaba armada donde vivía su abuelo.
Josefa falleció en Brunoy el 17 de abril de 1924. Era una mujer apegadísima a su abuelo, llena de anécdotas y portadora de una sangre que la llevó a ser condecorada por el Gobierno de Francia en sus acciones FIlantrópicas en la Primera Guerra Mundial, convirtiendo su casa en un Hospital, para todos los heridos, ambos bandos recibieron los cuidados de su magnanimidad.
En Aquella ocasión supo decir “Que Dios proteja a la querida Francia y a nuestro querido país y a toda la querida familia, yo para mi misma nada deseo sino salud y buena suerte; y puede usted comprender e imaginar que no apetecía la distinción que miles de miles merecían más que yo"
Contribuyó a preservar para la historia argentina, la memoria del Libertador a través de la conservación de sus documentos, sus cartas y sus objetos personales.
Era francesa, criada en Europa, pero siempre con un fuerte sentido de pertenencia a la patria de su abuelo, una enseñanza que Merceditas y Mariano Balcarce se ocuparon de transmitirle.
Gran parte de lo que conocemos sobre la vida del Libertador se lo debemos a Josefa. Ella fue quien le envió al general Bartolomé Mitre todo el material de su abuelo, como cartas, documentación y mapas, entre otras cosas, para que el ex presidente pudiera escribir su famoso libro Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana. Fue Josefa quien autorizó el traslado de los restos del Libertador, en 1880, hasta Buenos Aires. Y más aún. A pedido del entonces director del Museo Histórico Nacional, Ángel Carranza, Pepa envió los muebles y objetos de su célebre abuelo para ser exhibidos. No sólo donó el dormitorio entero, sino que hasta envió un croquis de cómo estaban ubicados los muebles.
Elissalde, R. L. (2025, febrero 27). Merceditas: La infanta mendocina. La Prensa. https://www.laprensa.com.ar
Balmaceda, D. (2018, octubre 09). Josefa Balcarce, la heredera de José de San Martín. La Nación. https://www.lanacion.com.ar